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ASUCO: Asociación de niños y niñas con altas capacidades de Córdoba
El fracaso escolar de los superdotados PDF Imprimir E-mail
Domingo, 13 de Diciembre de 2009 19:38

Aceprensa, 16 Abril 2008

El fracaso escolar de los superdotados

La maldición del talento

Tener un hijo de un alto cociente intelectual, un superdotado, puede ser en principio un motivo de orgullo y de ilusión por grandes metas. Sin embargo, el hecho desconcertante es que casi la mitad de los superdotados no terminan los estudios obligatorios, y cerca de dos tercios tienen un bajo rendimiento escolar. Son datos del Centro de Investigación y Documentación Educativa del Ministerio de Educación español, corroborados por multitud de estudios, tanto en España como en el resto de los países occidentales.

Hasta ahora era común denominar superdotados a los estudiantes que obtenían una puntuación superior a 130 en las pruebas de medida de la inteligencia. Este cociente intelectual se obtiene dividiendo la llamada edad mental del niño, medida por el test, por la edad cronológica, y multiplicando el resultado por cien. Pero en la actualidad se está afinando cada vez más, tanto en la precisión e interpretación de los diversos tests (WISC, WAIS, SCAT), como en la misma comprensión de la superdotación, que ya no se asocia simplemente a unas capacidades superiores a las presumiblemente normales, sino también a la creatividad, o el alto grado de dedicación y concentración en sus intereses.

Además, tras los estudios de Gardner (1) y otros, cada vez diferenciamos mejor los diversos tipos de inteligencias, y por consiguiente conocemos cómo una persona puede estar muy dotada en alguna de ellas, pero no necesariamente en todas. La inteligencia lingüística, que por ejemplo distingue a los poetas; la lógico-matemática, que caracteriza a los científicos; la espacial, de los marinos o los ingenieros; la musical; la corporal y cinética en la que se apoyan los atletas, los cirujanos o los bailarines; la interpersonal, de los maestros o los vendedores, y la inteligencia intrapersonal, mediante la que nos conocemos y nos desenvolvemos en la vida.

Entre el orgullo y el temor

La vida escolar de los superdotados no siempre es fácil. La primera reacción de los padres, cuando el especialista les comunica que su hijo es superdotado, es muy compleja: mezcla de orgullo, ilusión por grandes metas, y a la vez cierta mala conciencia, como si reconocer el talento superior a la media de su hijo supusiese vanagloria o envanecimiento, y, cómo no, el temor a exponer a su hijo a la curiosidad pública, y al más que probable rechazo motivado por la envidia. Y así, en bastantes ocasiones, los padres se guardan la información, y siguen tratando a su hijo como si fuese normal. Un chico listo, un poco vago, pero que suple bien su falta de esfuerzo con su gran agilidad mental y extraordinaria memoria.

Pero ese no es el camino. Estamos muy acostumbrados a que los chicos se agrupen en los centros escolares según su edad, porque cuando se instauró la educación obligatoria, el sexo y la edad eran lógicamente los factores más evidentes y sencillos para agruparlos en clases. Javier Tourón, responsable del CTY España (Centro para Jóvenes con Talento, en correspondencia con la Universidad Johns Hopkins de Baltimore) (2), pone a menudo el siguiente ejemplo: ¿Entraría usted con su hijo a una zapatería, y pediría unas botas para un niño de nueve años? ¿No sería preferible mirar antes qué número calza? Sin embargo, le lleva al colegio y le incorpora a la clase de tercero, en lugar de analizar antes cuáles son sus capacidades y sus intereses.

Otra paradoja: el superdotado no es el más listo de la clase, ni siquiera el más inteligente. Y por supuesto, no es un genio (aunque sí es posible afirmar que todos los genios son superdotados). Simplemente es un alumno que tiene un ritmo de aprendizaje, un abanico de intereses y un modo de relacionarse con el entorno distinto al percentil medio. Y por ello, su capacidad y su forma de asimilar, procesar y utilizar la información y el conocimiento son distintas.

Estallan los problemas

Se calcula que aproximadamente el 2% de los escolares son superdotados, pero de ellos sólo uno de cada cien es diagnosticado adecuadamente. El doctor Javier Berché, que ha tratado a más de dos mil superdotados desde hace 25 años (3), explica cómo las identificaciones suelen hacerse a alumnos entre 12 y 16 años, la mayor parte varones. El motivo lo achaca a que es en este momento cuando estalla la problemática, la pendiente hacia el fracaso escolar, la angustia de los padres.

El retrato robot es el de chico, con suspensos en primeros cursos de la enseñaza secundaria, cuyos padres siempre han considerado que se trata de un niño muy inteligente, pero que nunca se ha puesto a estudiar en condiciones. Se acude al especialista porque existe un problema.

Curiosamente, no es así en el caso de las chicas: obtienen mejores resultados, pasan horas estudiando, y en líneas generales tienen una madurez que les hace integrarse con mucha menor conflictividad. Es en cambio relativamente frecuente que un chico superdotado decida suspender una o dos asignaturas… para no destacar.

Las primeras identificaciones de superdotación suelen hacerlas, más o menos conscientemente, los padres. Son niños que desde muy temprano manejan un vocabulario complejo, muestran una afán desmedido por saber, leen muy pronto, aprenden con la mínima instrucción y son extremadamente sensibles, perfeccionistas que se incomodan desproporcionadamente antes los errores propios o ajenos. Además suelen ser distraídos, muy afectivos, con baja autoestima y un exagerado sentido de la justicia, que les lleva a ser muy críticos, consigo mismos y con los demás.

Los rasgos peculiares

Con terminología más técnica, el profesor Tourón (4) resume las últimas conclusiones de la literatura científica en varias características cognitivas y afectivas. Las primeras son la habilidad para manipular sistemas de símbolos abstractos, gran poder de concentración, memoria muy bien desarrollada e inusual, desarrollo muy temprano del lenguaje, gran curiosidad, preferencia por el trabajo independiente, intereses múltiples y habilidad para generar ideas originales.

Entre las afectivas destaca el sentido de la justicia, el altruismo e idealismo, el sentido del humor, la intensidad emocional, la preocupación temprana por la muerte, el perfeccionismo, grandes dosis de energía tanto en el juego como en el trabajo, la sensibilidad estética y los fuertes compromisos y apegos hacia uno o dos amigos, mayores que ellos e incluso adultos.

Con este bagaje, lógicamente deberían ser capaces de adaptarse a su entorno, sacar lo mejor de cada situación, y salir adelante con facilidad. ¿Por qué entonces esos espectaculares índices de fracaso escolar o bajo rendimiento, muy por encima de la media?

La secuencia, en muchos casos, es la siguiente: hasta los nueve o diez años, sin problemas, pero con muy escasos hábitos de trabajo escolar, puesto que pueden realizar buenas tareas en muy poco tiempo. Posteriormente aparecen la pereza, la apatía, y las falta de técnicas de estudio adecuadas. Y las tensiones: los deberes sin hacer, con constantes excusas, desinterés generalizado por los temas académicos, y descripción cada vez más insistente del colegio como aburrido o sin sentido. Los maestros no tienen tiempo, ni formación adecuada, para atenderle personalizadamente, y el pequeño superdotado comienza a bostezar y aburrirse en las clases, cuando los trabajos que sus compañeros realizan afanosamente él ya los ha terminado; se pierde en la nubes, incordia y distrae a sus compañeros… Conflictos, bajo rendimiento, suspensos, sensación de que el colegio no es el adecuado.

Sin interés no hay esfuerzo

Los padres toman medidas: un horario de estudio muy concreto, y a cumplirlo a rajatabla, para ir incorporando hábitos de trabajo. Pero la situación se enquista, y los resultados no mejoran. Entonces los padres intentan motivar a su hijo: tienes que cumplir tu deber, todos lo intentamos; tu futuro depende de que ahora trabajes en serio; tienes muchas capacidades, debes ser responsable de los talentos recibidos, y además… ¡nos harías tan felices!

Así que el chico se lo toma en serio, y se pone a estudiar, una, dos horas diarias, una materia que no le interesa en absoluto. Y el gran problema que tiene un superdotado en estos momentos no es que le resulte difícil trabajar, es que no puede esforzarse en nada que no le interese. Y su abanico de intereses se va reduciendo de día en día. Es como si a cualquiera de nosotros nos pusiesen todos los días dos horas delante de la guía telefónica y nos explicasen que debemos memorizarla, comenzando por la A, hasta la Z. Y que cada quince días nos harán un control… ¿Alguno de nosotros llegaría hasta Álvarez?

La frustración de los padres

En Valladolid, en el Centro Huerta del Rey para superdotados, se llevó a cabo una interesante encuesta entre un grupo de padres de alumnos superdotados (5): un tercio había cambiado a su hijo de colegio una vez, y uno de cada cinco lo había hecho dos veces. Los padres, hastiados y sin entender cómo “su” superdotado, hasta hace poco niño ejemplar, se estrella una y otra vez, cuentan cómo en el centro educativo les contestan: “no tenemos personal especializado”; “no sabemos cómo abordarlo”, y también a menudo: “disculpe, señora, pero me parece que su hijo no necesita nada especial, pues hay otros niños en su clase mucho más listos que no dan ningún problema”.

Por ello, casi la mitad de los padres confiesan que se han quemado en el intento, y que, cansados de luchar contra un muro, han acabado por tirar la toalla. ¿Cómo explicar en el colegio, a los profesores, a la burocracia administrativa, a las autoridades académicas, que su hijo superdotado no es por ello automáticamente brillante en el desarrollo de su aprendizaje ni en sus estudios? Javier Berché insiste una y otra vez en que “hay que desmitificar al superdotado como el empollón de la clase, generalmente solitario e introvertido. El niño con una dotación intelectual excepcional puede ser aquel alumno con muy bajo rendimiento académico y deficiencias muy concretas” (6).

Comprender el proceso que lleva al superdotado al aburrimiento y a la frustración, al bajo rendimiento y al fracaso escolar, no es fácil. La primera impresión es simple, extremadamente simple: fallan los hábitos, las virtudes, las técnicas de estudio… Como siempre le resultó todo muy fácil, nunca trabajó, y cuando tuvo que trabajar no sabía, se frustró, y … Pero no es tan sencillo.

Hélène Catroux, psicóloga especializada en dificultades escolares, que participó en la puesta en práctica de una pedagogía personalizada en la escuela La Garanderie, en Lausanne (7), describe así el proceso de crisis: “De repente, el vacío. Durante muchos años, los aprendizajes se realizan sin esfuerzo y con mucha rapidez. Entiende, memoriza, encuentra rápidamente los conocimientos en la memoria –éstos incluso adoptan la forma que exigen las obligaciones escolares– y todo sin necesidad de reflexionar. Después, de repente, un día ocurre lo inesperado, lo inédito: en el transcurso de un razonamiento de matemáticas, una disertación de historia, economía o cualquier otra materia, el ritmo de pensamiento se bloquea, los elementos dejan de encadenarse, la memoria parece vacía, y resulta imposible volver a conectar”.

Los profesores se quejan de que no se esfuerza, los padres ven que no prepara en serio los exámenes, y todos son conscientes de que ante la menor dificultad, se bloquea. Y claro, en un alumno identificado como superinteligente, este comportamiento desconcierta. “Sin embargo –añade H. Catroux–, quisiera conectar un video durante mis entrevistas para permitir que tanto los docentes como los padres fuesen conscientes del drama y del sufrimiento que experimenta el niño superdotado cuando la respuesta no se le ocurre de forma inmediata. Pienso que observarlo suscitaría en ellos… compasión” (8).

En busca de soluciones

¿Qué soluciones pueden encontrar los padres de niños superdotados para evitar la aparición de la crisis, o para gestionarla de la mejor manera posible?

Algunos autores mantienen que el mejor recurso es ser realistas: mi hijo es diferente, primer punto; lo acepto como tal, segundo punto, y pongo los medios que encuentre a mi alcance para tratarlo como lo que es, tercer punto.

Marta Eugenia Rodríguez de la Torre lo tiene muy claro: “Es preciso crear colegios especiales y específicos para estos alumnos, como de hecho existen para la comunidad sorda o para los niños ciegos. No se puede caer en la trampa de que de esta manera los niños superdotados no se socializan y se incapacitan para desarrollar una vida normal; un niño superdotado puede y debe asistir a un colegio para superdotados, o a una universidad, y al mismo tiempo practicar deportes y juegos con otros niños; de esta manera será un niño feliz, y eso es lo importante” (9).

Y Marta Eugenia sabe de lo que habla: con un CI superior a 200, a los catorce años se desplazó desde su León natal a los Estados Unidos, donde estudió Inteligencia Artificial y Humana en Harvard y en el MIT. Ha creado un método propio de aprendizaje, y su propio centro de estudios: Sapientec.

Un colegio especial para superdotados: Estados Unidos, India, Singapur, Israel, Canadá, Suiza… Son opciones muy exclusivas, y lamentablemente muy lejos del alcance del común de los mortales.

La abundante literatura al respecto coincide sin embargo en cuatro medidas que, combinadas entre sí o por separado, permiten al menos prevenir o suavizar las dificultades que el superdotado encuentra con los actuales métodos educativos:

El mentor: una persona de confianza del alumno, que comprende sus necesidades y que le acompaña en sus procesos de aprendizaje, ayudándole a descubrir nuevos campos de interés, a saborear los ya conocidos, y sortear los escollos que el sistema educativo le va proponiendo. Atiende su afán de conocimiento, le ayuda a desenvolverse en un entorno adecuado a su madurez, y al comprender su singularidad, y adaptarse a ella, le impulsa a adquirir hábitos y virtudes que le sostengan en los momentos de crisis. Es una figura muy características del mundo anglosajón (mentorship).

Los programas de enriquecimiento, o programas extra-curriculares, por ejemplo durante el verano, que procuran instrucción avanzada en las materias más interesantes para el alumno. (Hay que tener en cuenta que una asignatura cualquiera de la educación secundaria puede desarrollarse en tres semanas intensivas). Son famosos los cursos del CTY en Baltimore, o los de Madrid del CTY España.

La adaptación curricular, en el propio centro escolar, que procura que el ritmo de los programas educativos se armonice con la capacidad y los conocimientos del alumno superdotado. Puede aplicarse de muchas maneras. Por ejemplo, el niño, sin haber sido promovido a un curso superior, pasa parte del día recibiendo clases en una materia con otros mayores, o se le dan introducciones personales reducidas y actividades prácticas específicas, o realiza cursos a distancia con apoyos multimedia, etc. Requiere lógicamente mucha flexibilidad por parte del colegio, cosamuy difícil de encontrar.

Estas dos estrategias permiten ampliar las experiencias de aprendizaje de los alumnos, ofreciéndoles contenidos materiales y recursos que generalmente no se encuentran en el plan de estudios escolar. Tienen sus ventajas, pero Stanley las califica de peligrosas sin la aceleración.

La aceleración es la medida más contundente y eficaz: son alumnos que se saltan uno o más cursos, o que son admitidos en la enseñanza primaria o secundaria a una edad más temprana de lo establecido Pero es también la solución más denostada y temida por las autoridades educativas y la burocracia en general. Así lo resume Javier Tourón: “La aceleración educativa ha sido un tema complejo que ha generado grandes divisiones entre educadores e investigadores desde su primera implantación oficial en la escuela St. Louis de Missouri, en 1862. Desde entonces hasta la actualidad se han realizado numerosas revisiones empíricas y teóricas relacionadas con esta estrategia. A pesar de que han sido consistentes al afirmar los efectos positivos de la aceleración como estrategia educativa para los alumnos más capaces, la percepción de su eficacia ha sido claramente negativa entre los profesores y los administradores escolares” (10).

Cada familia deberá plantearse como reaccionar, dónde buscar ayuda, y hasta qué punto involucrarse en la educación personalizada del niño superdotado. Pero debe ser muy consciente de que si se limita a esperar y confiar en las propias capacidades del niño, así como en el sentido común de padres y profesores, le espera un camino difícil e incierto, y una más que probable crisis. A.C.

____________________

(1) Howard Gardner, Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, Paidós, Barcelona (2005).

(2) Tanto Javier Tourón como Javier Berché han trabajado siguiendo al profesor Julian C. Stanley, un auténtico pionero, recientemente fallecido, que logró hacer realidad la atención a los niños más capaces en los Estados Unidos.

(3) Javier Berché Cruz, Guía para padres de niños superdotados (de supervivencia), Credeyta, Barcelona (2003).

(4) Marta Reyero y Javier Tourón, El desarrollo del talento. La aceleración como estrategia educativa, Netbiblo, Coruña (2003), pág. 138.

(5) Alonso, Renzull, Benito, Manual internacional de superdotados, Eos, Madrid (2003), págs. 227, 230.

(6) Javier Berché Cruz, La superdotación infantil, del mito a la realidad, Isep, Barcelona (2002).

(7) L’École La Garanderie es una institución educativa que bajo la dirección de Jean-Daniel Nordmann atiende, con excelentes resultados, a niños superdotados. Su pedagogía se basa en los estudios de gestión mental llevados a cabo por Antoine de la Garanderie, que ha centrado sus investigaciones en lo que sucede mentalmente cuando llevamos a cabo actos de atención, reflexión, comprensión y memorización. Sus trabajos describen con gran rigor los procesos mentales que se activan durante estos actos, y permiten a cada estudiante aplicar con gran precisión y eficacia las características más propias de su inteligencia.

(8) Arielle Adda y Hélène Catroux, La inteligencia reconciliada, Paidós, Barcelona (2005), pág. 153.

(9) Marta Eugenia Rodríguez de la Torre, Stop al fracaso escolar. El cerebro al 100%, Grijalbo, Barcelona (2003).

(10) Marta Reyero y Javier Tourón, obra citada, pág. 152.

Última actualización el Lunes, 04 de Enero de 2010 13:59
 
Como diamantes en bruto

Los superdotados no responden a un mismo perfil, hay alumnos brillantes y otros que fracasan por desmotivación Los padres lamentan que se les vea como "empollones".

06/02/2007 M.R.D.

Con seis años, el hijo de Marisa no solo hacía preguntas a todas luces fuera de su edad ("te preguntaba por el concepto de infinito") cuenta su madre; además buscaba la respuesta en los libros que tenía a mano. "¿Soy un niño superdotado?" preguntó un día. El pequeño, que hoy tiene 14 años, fue identificado a los seis, primero por profesionales a los que acudió su familia, luego en el colegio.

Sus padres están convencidos de que el caso hubiese pasado desapercibido sin la atención prestada por la familia. Son niños con una capacidad intelectual superior a la media y un alto nivel de creatividad, pero tan normales como cualquiera. "Existe el mito de que los superdotados tienen que hacer cosas espectaculares", lamenta Marisa, que considera que esa imagen de pitagorín ha hecho mucho daño a estos chicos. Porque no todos los sobredotados son estudiantes brillantes. "Cuando empezaron a llamarle empollón dejó de estudiar", recuerda Virginia, madre de otro adolescente superdotado.

Aunque pueda parecer paradójico, hay veces en que el fracaso escolar o la conflictividad de algunos de estos chavales hace que los padres no sepan si alegrarse o llorar. Por eso insisten en demandar una atención especializada. "Son como un diamante en bruto que hay que saber tallar", explica Marisa, quien, cuando su hijo de seis años le preguntó si era superdotado, le devolvió la pregunta. "¿Y tu que crees?" "Bueno, mami, las personas son como los coches, unos corren menos, y otros corren más".

 

Fuente noticia:  http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=299094

 
Nace la primera asociación provincial de personas con sobredotacion Intelectual

Educación tiene identificados en Córdoba a 87 niños superdotados

Los padres piden programas específicos para atender las necesidades de estos alumnos. La Junta descarta realizar pruebas generalizadas en los colegios para detectar todos los casos.

06/02/2007 MANUEL RUIZ DIAZ

La delegación provincial de Educación tiene censados en los colegios e institutos de Córdoba a un total de 87 niños superdotados, entre unos 156.000 niños escolarizados. Una cifra que, según la Asociación de Superdotados de Córdoba (Asuco), aleja a la provincia de los porcentajes que establece la Organización Mundial de la Salud, cuyos estudios establecen que un 2% de la población escolar es superdotada.

Para la presidenta de esta asociación, Marisa Guerrero, lo que está ocurriendo es que "hay muchos casos que pasan desapercibidos para un sistema que no dedica la suficiente atención a estos niños, con necesidades educativas especiales".

Según Guerrero, la imagen del "empollón" con la que en ocasiones se ha asociado a los niños superdotados no ayuda a detectar a estos chicos, ya que, en algunos casos, no solo no son los primeros de la clase, sino que pueden llegar a tener un bajo rendimiento escolar debido a la falta de estímulos intelectuales. De hecho, según datos del Ministerio de Educación, un 70% de los superdotados rinde poco en clase, y un 30% acaba en fracaso escolar.

Por todo esto se ha constituido recientemente la asociación de Córdoba, impulsada por un grupo de padres. Hasta ahora, es la única asociación de superdotados existente en la provincia.

 

Objetivos

La asociación cordobesa comparte con el resto de asociaciones de la comunidad la "necesidad urgente" de planes de formación del profesorado, así como la puesta en marcha de programas de detección temprana, sistemática y generalizada en los centros de Primaria. El mes pasado, la federación andaluza planteó sus demandas a la Consejería de Educación, y ayer mismo obtuvieron respuesta de la Junta. Según fuentes de la Consejería de Educación que cita Europa Press , la Junta descarta la realización de pruebas generalizadas en Primaria para detectar a alumnos con sobredotación. La Consejería considera que "el sistema tiene actualmente los mecanismos adecuados para la detección de este alumnado", y explicaron que "desde hace años Andalucía viene desarrollando un proceso de detección continua" suficiente.

Por otro lado, Educación recuerda que las pruebas de diagnóstico "ya han sido puestas en entredicho por parte de aquellas comunidades que las han realizado, puesto que crean expectativas falsas en muchas familias, pueden contribuir a crear etiquetas y a confundir a los padres".

 

Fuente de la noticia: http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=299092